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miércoles, 24 de agosto de 2016

Tormenta.

El rayo que no cesa.
Miguel Hernández.

Un carnívoro cuchillo
de ala dulce y homicida
sostiene un vuelo y un brillo
alrededor de mi vida.

Rayo de metal crispado 
fulgentemente caído,
picotea mi costado
y hace en él un triste nido.

Mi sien, florido balcón
de mis edades tempranas,
negra está, y mi corazón,
y mi corazón con canas.

Tal es la mala virtud
del rayo que me rodea,
que voy a mi juventud
como la luna a mi aldea.

Recojo con las pestañas
sal del alma y sal del ojo
y flores de telarañas
de mis tristezas recojo.

¿A dónde iré que no vaya
mi perdición a buscar?
Tu destino es de la playa
y mi vocación del mar.

Descansar de esta labor 
de huracán, amor o infierno
no es posible, y el dolor
me hará a mi pesar eterno.

Pero al fin podré vencerte,
ave y rayo secular,
corazón, que de la muerte
nadie ha de hacerme dudar.

Sigue, pues, sigue cuchillo,
volando, hiriendo. Algún día
se pondrá el tiempo amarillo
sobre mi fotografía.

jueves, 7 de julio de 2016

Tormentas de verano.


Tempestad con silencio.
Pablo Neruda.

TRUENA sobre los pinos.
La nube espesa desgranó sus uvas,
cayó el agua de todo el cielo vago,
el viento dispersó su transparencia,
se llenaron los árboles de anillos,
de collares de lágrimas errantes.

Gota a gota
la lluvia se reúne
otra vez en la tierra.

Un solo trueno vuela
sobre el mar y los pinos,
un movimiento sordo:
un trueno opaco, oscuro,
son los muebles del cielo
que se arrastran.

De nube en nube caen
los pianos de la altura,
los armarios azules,
las sillas y las camas cristalinas.

Todo lo arrastra el viento.

Canta y cuenta la lluvia.

Las letras de agua caen
rompiendo las vocales
contra los techos. Todo
fue crónica perdida,
sonata dispersada gota a gota:
el corazón del agua y su escritura.
Terminó la tormenta.
Pero el silencio es otro.

domingo, 10 de enero de 2016

El mar está bravo.

El mar. La mar.
(Rafael Alberti)

  El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!

lunes, 8 de junio de 2015

Campos de trigo.

En abril, las aguas mil.
De Antonio Machado

Son de abril las aguas mil.
Sopla el viento achubascado,
y entre nublado y nublado
hay trozos de cielo añil.
Agua y sol. El iris brilla.
En una nube lejana,
zigzaguea
una centella amarilla.
La lluvia da en la ventana
y el cristal repiquetea.
A través de la neblina
que forma la lluvia fina,
se divisa un prado verde,
y un encinar se esfumina,
y una sierra gris se pierde.
Los hilos del aguacero
sesgan las nacientes frondas,
y agitan las turbias ondas
en el remanso del Duero.

lunes, 27 de abril de 2015

Tormenta en casa.

 Duro silencio, calma oscura,
de pronto todo estalla ya.
Trémulo el rayo con su espada
saca el relámpago a brillar
el trueno ruge intermitente
y el cielo entero a tumbos va,
el viento rápido jadea,
levanta hinchando todo el mar;
la humedad triste y más callada
se ha desmayado por allá;
solloza el agua, se exaspera,
llora de pena un gran caudad;
se esconde el frío en la neblina,
todo ya es duda y ansiedad… 
Mario Bilette.

jueves, 11 de septiembre de 2014

El poder de las tormentas.


Hay aroma a tormenta
se siente acercarse como un gigante ebrio
en cada árbol
en cada grano de arena.
Un pájaro desgarra el cielo
huyendo de las húmedas premoniciones,
lo que dice la noche
lo entienden los animales, lo entiendo yo.

Nicolás Preducci.